PREMIO

AL INGENIERO POR ACCIONES DISTINGUIDAS

A don Carlos Croxatto Silva

El pasado miércoles 14 de noviembre de 2001, el Instituto otorgó el Premio "Al Ingeniero por Acciones Distinguidas a don Carlos Croxatto Silva, en reconocimiento a su esforzada labor y extraordinarios aportes que ha realizado en las diferentes empresas en que se ha desempeñado.

Una síntesis de los aspectos más destacados de estas acciones distinguidas fue expuesta por el Ingeniero Bruno Philippi Irarrázaval, quien recibiera el mismo galardón el año 2000.

Don Bruno Philippi realiza la presentación de don Carlos Croxatto. En la testera, Srs. Carlos Croxatto, Álvaro Fischer, Víctor Pérez y Rodrigo Flores.

 

Sr. Bruno Philippi:

- Nos hemos reunido hoy día para distinguir, una vez más, a don Carlos Croxatto. Digo una vez más, pues basta mirar su currículum para ver que, entre otras distinciones, ya obtuvo en el año 1971 la Medalla de Oro, máximo reconocimiento que este Instituto otorga a nuestros Ingenieros.

Es quizás algo sorprendente que, a estas alturas de su vida, a don Carlos se le reconozca por sus méritos de "ingeniero distinguido", pues en realidad para todos nosotros siempre lo ha sido y, ciertamente, él no es una persona que necesite ni pretenda mayores reconocimientos. Su largo y nutrido currículum avalan rotundamente esta afirmación. De don Carlos Croxatto, de su importancia para nuestra sociedad, dan testimonio sus obras, sus alumnos y discípulos, las instituciones y empresas donde trabajó. Y es por eso que hoy se le entrega esta distinción. Porque ha ayudado a transformar a este Chile que lo recibió al nacer, en un mejor país.

Su obra da cuenta de paciencia y esfuerzo. Y en un mundo donde parece que sólo se premia el éxito fácil, para mí es un gran honor presentar hoy día a este ingeniero que ha sabido mostrar que el trabajo constante y el entregarse a los demás, es la única forma de crear una sociedad realmente humana.

Sin embargo, hay algo que sin duda distingue a don Carlos, colocándolo en una categoría reducida y muy exclusiva de ingenieros de nuestro país, para los cuales el tiempo no ha sido una limitante para seguir ejerciendo fructífera y creativamente su profesión. Debe ser algo familiar ya que su primo, nuestro querido Doctor don Héctor Croxato, sigue siendo un activo y muy productivo investigador en biología con sus ya 94 años. Además de una profunda admiración debo confesar que uno no deja de sentir un poquito de sana envidia frente a esta excepcional familia Croxatto, hijos de los cuatro aventureros hermanos que por el año 1900 decidieron dejar su pueblo de la Liguria en Italia para avecindarse en nuestro país. Por motivos familiares don Carlos estudió en un colegio de Temuco, viviendo en casa de su primo Héctor, a quien lo liga una profunda amistad. Parece sorprendente que con esta influencia don Carlos no se haya inclinado por la carrera de medicina, aunque confiesa que lo pensó. Afortunadamente para nosotros optó por la carrera de Ingeniería Civil, recibiendo a su egreso el Premio Marcos Orrego Puelma, distinción que lo señala como el mejor alumno y el mejor compañero de su promoción.

La diversa y variada lista de responsabilidades profesionales ejercidas por don Carlos durante su vida refleja muy bien su enorme capacidad y talento, y en ellas es fácil reconocer las excepcionales características de nuestro homenajeado.

Sin embargo, no es este el camino que pienso seguir. He preferido tratar de presentar algunas de las facetas menos conocidas de don Carlos, que no están en su currículum, y que pueden sólo ser obtenidas a través de conversaciones con algunas de las personas que dirigió y formó, tanto en la Universidad como en algunas de las múltiples actividades de servicio público y empresarial que debió realizar. En ellas rápidamente uno descubre la inagotable riqueza de don Carlos, tanto en sus aspectos humanos como capacidad técnica. En realidad quizás lo que primero llama la atención es que en la persona de don Carlos estos dos elementos están íntimamente ligados y son muy difíciles de separar. Así pues, en estos minutos quisiera referirme a don Carlos como formador e inspirador de muchos ingenieros de nuestro país.

Don Carlos en su disciplina, ha sido un pionero, y creo que representa a muchos que en este país, de una manera sencilla y discreta, también lo son. El ha sabido llevar, con la mayor naturalidad del mundo, su espíritu de aventura, el gérmen de lo nuevo, su facilidad para crear en ambientes difíciles nuevas formas de relación.

Sus ex alumnos y colaboradores lo recuerdan como un excelente profesor, pero más importante que eso, como un permanente inspirador, alentándolos a explorar nuevos caminos sin restringirse artificialmente por las realidades y opiniones imperantes. Sencillo, de fácil trato, pero a la vez exigente y con una verdadera pasión por la excelencia en ingeniería. Creo que las palabras de Jorge Luis Borges en relación a la enseñanza capturan muy bien esta preocupación de don Carlos. Decía Borges, en relación a un curso de Literatura Inglesa que dictó por algún tiempo en la Universidad de Buenos Aires: "Creo que uno sólo puede enseñar el amor de algo. Yo he enseñado, no literatura inglesa, sino el amor a esa literatura…más bien el amor a ciertos libros, ciertas páginas, quizás algunos versos….Lo que hace un profesor es buscar amigos para el estudiante en los autores y sus libros. Lo importante es revelar belleza y sólo se puede revelar belleza que uno ha sentido". Este pensamiento de Borges, cambiando literatura inglesa por ingeniería, es lo que don Carlos fue para sus alumnos. Alguien que inculcó en ellos un verdadero amor por la ingeniería, tal como él lo sentía y vivía.

Fue un destacado profesor de diversas asignaturas en la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Chile por más de doce años. Desgraciadamente, abandonó la docencia pues no podía dedicarle todo el tiempo que a su juicio esto requería para hacerlo con el alto nivel que él mismo se autoimponía. Si bien sus preferencias estaban en la ingeniería hidráulica y es en ella donde centró sus primeros años de actividad docente, entre los años 1953 y 1960 desarrolló un curso de Centrales Eléctricas para la carrera de Ingeniería Civil mención Hidráulica. Por deformación profesional me referiré preferentemente a este tema. Demás esta decir la importancia de este curso en un momento en que el país iniciaba, con un enorme esfuerzo, un plan para mejorar definitivamente la seguridad de abastecimiento eléctrico, entendiendo que esto era una condición primordial para nuestro desarrollo. En este curso, y en forma pionera, don Carlos ya introducía los conceptos de evaluación económica inherentes al análisis de proyectos de ingeniería aplicados al desarrollo de sistemas eléctricos. Hasta donde yo entiendo debe haber sido la primera experiencia en Chile, y me atrevería a decir, una de las primeras a nivel mundial. Aparte de cubrir a la perfección los aspectos técnicos y de ingeniería en el desarrollo de proyectos eléctricos, incluyendo aspectos teóricos y prácticos de hidrología e hidráulica, como así también el complicado tema de diseño de vertederos, don Carlos ya reconocía la necesidad de combinar el buen análisis de ingeniería con la eficiencia del análisis económico. Don Carlos argumentaba que en el diseño y análisis de desarrollo del sector eléctrico no bastaba con identificar y comparar proyectos individuales, como era tradicional, sino que era necesario considerar distintos programas de obras en un horizonte extendido de tiempo. En estos programas de obras, debían incluirse tanto centrales hidráulicas como térmicas a carbón o petróleo, de distintos tamaños y en diferentes ubicaciones geográficas, como así también sus posibles conexiones mediante líneas de transmisión de alta tensión. Es la combinación de todos estos ingredientes lo que permite generar múltiples planes de obras, los que comparados con un criterio actualizado de mínimo costo, permite definir un programa óptimo para la expansión del sistema eléctrico que tenga consistencia y coherencia en el tiempo. Este cambio de enfoque desde el análisis de una obra individual al concepto de expansión de un conjunto de obras que como un todo son económicamente más atractivas es, a mi entender, de fundamental importancia. Ciertamente esta forma de abordar el problema requiere de mucho más trabajo pues el número de opciones suele ser muy grande, pero esto no era algo que complicara a don Carlos ya que para eso estaban sus ingenieros.

Primero desde la CORFO, y luego desde la ENDESA, a través de la oficina de planificación, que dependía directamente de él, incentivó tanto el análisis teórico como práctico de estos conceptos, formando para ello un grupo humano con destacados jóvenes Ingenieros. La mayoría de ellos eran sus ex alumnos, tales como Jorge Cauas, Efraín Friedman, Leonardo Bitrán, Claudio Valdés, sólo por mencionar algunos, todos los cuales los puso bajo la dirección del brillante Ingeniero don Alberto Bennett.

Una de las características que todos recuerdan de don Carlos es su capacidad para generar el ambiente y las condiciones para que las personas que con él trabajan puedan desarrollar al máximo su imaginación, capacidad y espíritu emprendedor, incentivando la audacia en el uso de nuevas metodologías, siempre bajo la más estricta rigurosidad profesional.

Es así como a comienzos de los 60 ya vemos en la ENDESA las primeras discusiones en torno al uso de modelos matemáticos y herramientas como la programación lineal para la evaluación de sistemas eléctricos. Incentiva y apoya la formación de sus jóvenes ingenieros en el extranjero, adquiriéndose así valiosas experiencias, tanto teóricas como prácticas, en Universidades europeas y americanas, como así también de la observación inteligente de obras de generación eléctrica tanto en construcción como en operación en diversos países. Especial mención cabe hacer aquí a la relación profesional que se establece por parte de la ENDESA con una de las empresas líderes del desarrollo eléctrico del mundo, como es Electricité de France. Esto permitió trasmitir avanzados conceptos de ingeniería de diseño y construcción los cuales sin duda contribuyeron directamente al alto nivel profesional alcanzado por ENDESA. Así también con esta política se benefició enormemente la enseñanza de la ingeniería en nuestro país ya que era usual que ENDESA incentivara que sus profesionales mantuvieran una estrecha relación con las escuelas de ingeniería, ya fuera dictando clases sobre las materias de su especialidad o dirigiendo trabajos de investigación. Don Carlos Croxatto invariablemente respaldaba y apoyaba a este grupo de jóvenes ingenieros en sus esfuerzos, a veces no muy bien comprendidos, por desarrollar mejores métodos tanto en la ingeniería como en la evaluación de proyectos.

La ENDESA, empresa que don Carlos contribuyó a crear desde la Corporación de Fomento, fue durante largos años su principal centro de actividades. En ella ocupó prácticamente todos los cargos, incluyendo Gerencias de Ingeniería, Obras, Explotación, como así también en diversas oportunidades la subrogancia en la Gerencia General. Este cargo, a pesar de su indiscutible capacidad y preparación, nunca llegó a asumirlo en propiedad por razones políticas partidarias coyunturales que terminaron produciendo su alejamiento definitivo de ENDESA el año 1971. Su participación en la concepción, diseño y construcción de centrales hidroeléctricas como Abanico, Cipreses, Rapel, El Toro, fue directa. Pero tan importante como su excelente labor como Ingeniero en estas obras, como antes lo señaláramos, fue su contribución en la planificación y evaluación para ordenar racionalmente el incipiente desarrollo del sistema eléctrico chileno.

Su capacidad fue puesta a prueba muchas veces. Una de ellas en los años 68 cuando el país debió enfrentar una muy fuerte sequía, justo cuando nuevas obras de abastecimiento se encontraban en construcción. Esta falta de lluvia, dada la importante componente de generación hidráulica de nuestro país, impactó significativamente el abastecimiento eléctrico nacional. Don Carlos comprendió rápidamente la importancia que bajo estas circunstancias tenía un acertado manejo del agua del Laja para determinar el nivel de generación de la Central Abanico. El criterio económico aplicado por don Carlos para evaluar el costo de oportunidad del agua embalsada en el Laja permitió un manejo óptimo de esta central, ponderando el mayor riesgo de racionamiento futuro frente a la generación actual, contribuyendo así a un manejo más racional de un recurso escaso en esta difícil situación. Hoy día estamos familiarizados con la valorización económica del Lago Laja, ya que éste es un elemento fundamental para determinar el costo marginal de la energía eléctrica en Chile. Pero don Carlos, en cierto modo, introdujo el mismo concepto años antes mostrando una vez más una visión extraordinaria. En este contexto, la contribución directa de don Carlos, como así también la indirecta a través de los ingenieros que contribuyó a formar, fue muy importante en el diseño, a comienzos de los 80, de una nueva institucionalidad eléctrica para nuestro país. Con ella Chile se anticipó al resto del mundo, demostrando que el sector eléctrico, contrario a lo que se afirmaba, podía ser organizado en forma más eficiente aprovechando las naturales fuerzas del mercado y entregando al sector privado una participación fundamental en la operación y expansión del mismo, limitándose el Estado a mantener un papel regulatorio preestablecido dentro de un marco institucional de reglas claras y precisas.

En todas sus actuaciones, ya sean en el campo público o privado, como así también en su enseñanza universitaria, uno percibe en don Carlos esta visión de futuro, este esfuerzo por estructurar y analizar los problemas dentro de un contexto más amplio, ligando el diseño ingenieril a los conceptos de eficiencia económica. Es lo que hoy llamaríamos un enfoque de sistemas. Ahora esto nos parece normal ya que en cierta forma esta manera de ver las cosas se ha ido gradualmente incorporando a la enseñanza de la ingeniería. Pero en esos tiempos don Carlos debe haber estado más bien solo, que gracias a su enorme capacidad y competencia técnica pudo exitosamente superar las críticas y dudas que su forma algo inusual de abordar los problemas debe haber encontrado. Como dijimos, ya en los años 60, don Carlos utilizaba los conceptos de evaluación de proyectos pero, más aún, como recordaba uno de sus ex alumnos, Claudio Valdés, ya estaba preocupado, atendiendo la realidad social y económica de nuestro país, por introducir elementos que hoy llamaríamos evaluación social de proyectos.

Se lo recuerda como una persona bastante seria, no muy dado a las bromas. Algo retraído, pero cálido y siempre abierto a transmitir sus conocimientos y a discutir y aceptar el desafío de nuevas ideas. Como anticipara, no quiero extenderme en la larga lista de responsabilidades y la variedad de las mismas, tanto en Chile como en el extranjero, que don Carlos ha ejercido, unas por su propia voluntad y otras por las difíciles circunstancias que a veces durante su vida debió enfrentar. Pero sí quisiera decir que en todas ellas lo hizo con especial brillo y dedicación y quizás aún más importante, cariño, responsabilidad y como siempre con su sello característico, un muy alto profesionalismo. Su fe en Dios y el constante y abnegado apoyo de doña Chepa y sus dos hijas ha sido siempre su apoyo fundamental.

Don Carlos, recibe la Medalla de Oro en el año 71, en un momento particularmente difícil para nuestro país y para su familia. En su discurso de agradecimiento, además de muchas otras interesantes observaciones hechas con la agudeza que lo caracteriza, hace un acertado análisis sobre la Ingeniería chilena y su futuro. En él comenta la necesaria y creciente especialización de la ingeniería chilena como así también el cambio que se ha ido produciendo en el desarrollo de la actividad de ingeniería desde el trabajo más bien individual del Ingeniero Civil tradicional, a un trabajo más en equipo con la participación integral de diversos especialistas. Hace ver la creciente participación del ingeniero en la administración de empresas y la natural necesidad de completar su formación con elementos de economía y otras ciencias relativas al comportamiento humano. Destaca don Carlos la diferencia de las decisiones que este nuevo ingeniero debe tomar. Por la naturaleza misma de los problemas que deberá abordar, que va mucho más allá de lo meramente técnico, ellas dejan de tener la claridad y precisión de las típicas decisiones basadas en cálculos personales que demanda la ingeniería civil tradicional. Reconoce también don Carlos la permanente dinámica en el cambio tecnológico, fundada en el crecimiento vertiginoso del conocimiento, lo cual hace anticipar que el ingeniero del futuro deba estar preparado para enfrentar una permanente capacidad de adaptación. Este impacto no sólo influye en el ejercicio de nuestra profesión, sino que también deberá obligarnos a modificar profundamente el enfoque y enseñanza tradicional que imparten las escuelas de ingeniería. Anticipa don Carlos que ésta debería tener un creciente énfasis en ciencias básicas, ya que son ellas las que entregan los elementos de análisis que nos capacitan para poder ir actualizando nuestros conocimientos tecnológicos. En efecto, el dominio de materias como mecánica cuántica y biología ya hace tiempo que son parte de la enseñanza de la ingeniería en países más avanzados, pues están ligadas cada vez más a importantes desarrollos tecnológicos. Cuánta razón tenía don Carlos al anticipar este futuro, pero desgraciadamente la mayoría de nuestras escuelas de ingeniería no evolucionaron en ese sentido, sino que más bien fueron disminuyendo la importancia relativa de las ciencias básicas a favor de una mayor especialización. Si bien temporalmente esto podría parecer atractivo ya que aparecemos vinculados a tecnologías de vanguardia, en el fondo estamos restringiendo potencialmente la capacidad de adaptación futura de nuestros ingenieros. Un adecuado balance entre ambos criterios es primordial.

Decía don Carlos "... a las futuras generaciones de ingenieros, les corresponderá el desafío de utilizar los nuevos conocimientos tecnológicos, para que ellos signifiquen realmente un beneficio al conjunto de la sociedad. Ello requerirá no sólo la capacidad técnica para investigar y aprovechar nuevos procesos que puedan conducir a un rápido desarrollo económico, sino en forma muy especial al dominio de todas las disciplinas que permitan analizar las reales implicancias, a corto y largo plazo, de la introducción de una determinada tecnología". Como contraparte a este planteamiento de hace más de 30 años, me permito citar al actual decano de la Escuela de Ingeniería de una de las universidades más prestigiosas de EE.UU., Stanford University de California. En una reciente intervención, éste anticipa el marco dentro del cual deberá desenvolverse la enseñanza futura de la Ingeniería, destacando el rol cada vez más fundamental de la física, la matemática, la química y la biología como materias esenciales si queremos formar un ingeniero con la capacidad de adaptación necesaria para enfrentar exitosamente las cambiantes demandas de las sociedades del futuro. Nuevamente la similitud con los planteamientos de don Carlos es evidente.

Creo que esta preocupación por la enseñanza de ingeniería no es casualidad ya que don Carlos representa muy bien a un selecto grupo de profesionales chilenos que han sabido durante su vida profesional combinar actividades de servicio público y de empresa privada, con docencia e investigación universitaria, teniendo como propósito central el bien común de la sociedad muy por sobre sus intereses o conveniencias personales. Esta experiencia cruzada de lo académico y lo profesional, del desarrollo de la capacidad individual de emprender, junto a la formación de jóvenes profesionales, sin descuidar el servicio a la comunidad, ha tenido un papel muy importante en nuestra sociedad. Don Carlos nos ha enseñado que la investigación, el riesgo y la búsqueda vienen siempre acompañadas de una gran labor de difusión y enseñanza.

Desgraciadamente, este tipo de integración hoy no tiene la fuerza de antes y yo pienso que esto ha impactado negativamente la formación de nuestros ingenieros y por lo tanto nuestra capacidad de desarrollo y crecimiento económico. El mejorar una genuina interacción entre universidad, empresa y servicio público es, creo yo, de primordial importancia si queremos aprovechar las enormes sinergías que esto genera. Sin duda el Instituto de Ingenieros ha tenido, y debe seguir teniendo en el futuro, un rol de liderazgo en esta tarea. Al respecto, cabe destacar y agradecer la brillante actuación de nuestro Presidente, Alvaro Fischer, en relación a este tema. Esto es aún más relevante en un mundo globalizado, en el cual la capacidad individual de las personas ocupa cada día un rol más importante.

Don Carlos recibió la Medalla de Oro en tiempos muy difíciles para él y para nuestro país. Sin embargo, sus palabras al recibir esta distinción no muestran rencor ni desesperanza, sino más bien optimismo y confianza en el futuro. Eso sí, nos advierte la necesidad que los cambios que necesariamente tendrá que enfrentar el país, estén fundados en discusiones racionales y ligados a nuestra propia realidad más que en la adaptación caprichosa de experiencias externas. Don Carlos muestra en sus palabras otra de sus características principales, una enorme prudencia. Prudencia, como decía Aristóteles, es la más importante de las virtudes, ya que significa hacer las cosas bien y en eso, la trayectoria de don Carlos nos muestra ciertamente que ha sido un hombre prudente.

Nos recuerda don Carlos en sus palabras que "...los Ingenieros deben destinar parte de su quehacer profesional a recoger y analizar los aportes que en determinados problemas puedan hacer otras y variadas disciplinas, y detectar los puntos clave y fundamentales para que así la imaginación y espíritu creador de los ingenieros pueda aplicarse realmente en beneficio de toda la comunidad". Nuevamente don Carlos se adelanta al futuro. En las profundas transformaciones que desde mediados de los 70 ha experimentado el país, el ingeniero chileno ha tenido un papel destacado. No sólo por sus contribuciones en el diseño e implementación de múltiples programas de enorme impacto social sino que también, como lo anticipara don Carlos, ha sido un efectivo catalizador de los aportes que las distintas profesiones hacen, contribuyendo a integrarlas en el análisis y diseño de soluciones de problemas cada vez más complejos, involucrando aspectos técnicos, económicos, legales, sociales y políticos.

Esa misma audacia que tuvo don Carlos para introducir conceptos innovadores en su enseñanza universitaria y práctica profesional, debemos revivirla más que nunca ahora frente a este nuevo mundo, crecientemente globalizado y competitivo, que debemos enfrentar. Dios quiera que en este país podamos seguir contando con el aporte de muchas personas como don Carlos Croxatto, que de manera real, y sin estridencia, son los verdaderos motores que sustentan el desarrollo de nuestro país.

Una última enseñanza que don Carlos nos transmite con su ejemplo, lo resume muy bien el gaucho Martín Fierro: "Para vencer un peligro y salvar de cualquier abismo, por experiencia lo afirmo, más que el sable y que la lanza, suele servir la confianza que el hombre tiene en sí mismo". Creo que ésta es una de las principales lecciones que don Carlos nos ha entregado y sigue entregando. Espero sepamos aprovecharla para bien de todos. Finalmente, creo que la única palabra que viene al caso ante la obra de Carlos Croxatto es decirle gracias. Felicitaciones don Carlos y muchas gracias.

 

A continuación de recibir el Diploma respectivo de manos del Presidente del Instituto, Ingeniero Álvaro Fischer, el Ingeniero Carlos Croxatto agradeció la distinción con los siguientes conceptos:

 

Sr. Carlos Croxatto:

- En primer lugar debo agradecer muy sinceramente las palabras tan elogiosas de mi estimado amigo Bruno Philippi, quien me recuerda el período en que tuve el privilegio de colaborar con su padre, Don Julio, una de las personalidades más extraordinarias que me tocó conocer en mi ya muy larga vida profesional.

Debo expresar también un sentimiento de gratitud muy profunda hacia los miembros de los Directorios Ejecutivo y Consultivo del Instituto de Ingenieros por haberme honrado con el Premio Al Ingeniero por Acciones Distinguidas.

En realidad, en mi vida profesional, el Instituto de Ingenieros ha jugado un papel de gran relevancia. Desde joven me inscribí como miembro activo y después de algunos años pasé a formar parte de su Directorio. Posteriormente tuve el honor de ser elegido Presidente y más tarde miembro del Directorio Consultivo.

Durante ese período la asistencia a las conferencias, los almuerzos de camaradería, las Sesiones del Directorio y otras actividades del Instituto, fueron un complemento muy importante a mi trabajo profesional, donde pude apreciar el valioso ejemplo de mis mayores, y logré al mismo tiempo contactarme con las nuevas generaciones para intercambiar ideas y aunar voluntades en un esfuerzo para poder concretar proyectos en beneficio de nuestro país.

Pero debo reconocer que los Directores del Instituto han sido muy benevolentes conmigo. Es así como adornan mi escritorio y me llenan de orgullo los diplomas correspondientes al Premio Marcos Orrego Puelma de la promoción egresada en 1937 y la Medalla de Oro correspondiente al año 1971.

Fue muy inesperado, sin embargo, aparecer como candidato y que posteriormente resultara elegido para el Premio de Acciones Distinguidas del año 2001. He meditado largamente sobre las razones que se pudieron haber tenido en vista para otorgarme esta nueva y muy valiosa distinción.

Creo que para ello han influido mis casi 64 años de ininterrumpida vida profesional y el hecho de que en los últimos años me ha tocado colaborar en la concepción y ejecución de importantes proyectos de desarrollo, en especial dentro del área forestal-industrial.

Sin embargo, estimo que, en la mente de los Directores Ejecutivos y Consultivos del Instituto, también ha existido la idea de simbolizar en mi persona el reconocimiento a numerosas generaciones de ingenieros civiles, que en un período de grandes cambios en la estructura económica de Chile, realizaron numerosas acciones distinguidas al enfrentar desafíos profesionales no conocidos en nuestro medio y ocupar posiciones muy destacadas en nuevas empresas y en los organismos promotores del desarrollo del país. Me refiero específicamente a los muchos egresados de Ingeniería Civil, desde fines de la década del 30 hasta mediados de la década del 60, que se incorporaron a la Corporación de Fomento y sus filiales, organismos que alcanzaron su máximo desarrollo justamente durante ese período.

Sólo para graficar la personalidad de los ingenieros que dedicaron una parte de su vida profesional a CORFO y sus filiales, recuerdo hoy a Eduardo Simián en ENAP; a Eduardo Figueroa en CAP; a Santiago Astraín en ENDESA y ENTEL y a Raúl Sáez, principalmente en CORFO y ENDESA. Todos ellos han sido galardonados con la Medalla de Oro del Instituto de Ingenieros y sus nombres aparecen en una de las paredes de esta antigua y querida sede del Instituto.

Soy un ingeniero civil perteneciente a esa generación y destiné casi toda la primera etapa de mi vida profesional a la ENDESA, y algunos años a la CORFO.

Para dar a conocer cómo fueron los desafíos que debimos enfrentar los ingenieros en esos años y el ambiente en que se desarrollaron nuestras labores, voy a describir en forma sucinta mi propia experiencia.

Egresé el año 1937 de la carrera de Ingeniería Civil de la Universidad de Chile y me incorporé de inmediato al Departamento de Riego del Ministerio de Obras Públicas, ya que, en esos años, si bien existía la posibilidad de encontrar trabajo en el sector privado, la mayor parte de los egresados de ingeniería iniciaban su vida profesional en organismos del Estado, tales como los distintos departamentos del Ministerio de Obras Públicas, la Empresa de Ferrocarriles del Estado y las Empresas de Agua Potable y Alcantarillado que daban servicio a distintas ciudades del país.

Después de un corto período en Estados Unidos, becado por la firma W.R. Grace, me reincorporé al Departamento de Riego que a esa fecha había recibido el encargo de la Corporación de Fomento de ejecutar un anteproyecto para una central hidroeléctrica en el curso inferior del río Rapel. El Director, entonces, de ese Departamento, don Eduardo Reyes Cox, me incluyó en el grupo que realizaría el anteproyecto de la Central Rapel. Esta simple decisión tuvo sin embargo una gran importancia en mi futuro profesional ya que constituyó mi introducción en el estudio de centrales hidroeléctricas, tema que ocupó mi quehacer profesional durante casi toda la primera etapa de mi carrera de ingeniero civil.

El estudio de la central Rapel, aunque sólo se trataba de un anteproyecto, por la magnitud y complejidad de las obras era un gran desafío para los ingenieros chilenos de esa época. Sólo gracias al talento y la tenacidad de los dos ingenieros que dirigían el trabajo: Don Raúl Ramírez en la parte civil y Don Humberto Jorquera en la parte eléctrica, y al enorme entusiasmo de los jóvenes ingenieros que colaboramos en el trabajo, se cumplió el encargo y oportunamente se entregó a CORFO el informe y el correspondiente anexo de planos. El incipiente desarrollo eléctrico de Chile en esa época hizo que la CORFO postergara la realización de la central Rapel.

Justo al terminar ese anteproyecto, recibí el ofrecimiento de incorporarme a la CORFO creada en 1939 por el Gobierno de Chile.

La CORFO fue una verdadera escuela de postgrado para muchos profesionales jóvenes, en su mayoría ingenieros civiles, atraídos por las nuevas áreas de actividad profesional que se abrían en un organismo de carácter básicamente técnico. Entre sus iniciativas de mayor prioridad destacaba el desarrollo del sector eléctrico que se concretó con la aprobación del "Plan de Electrificación del país". Vale la pena recordar aquí que para la confección de este plan fueron fundamentales los conceptos expresados en el trabajo "Política Eléctrica Chilena" publicado en los Anales del Instituto de Ingenieros el año 1936, realizado por un grupo de distinguidos ingenieros chilenos convocados por Don Reinaldo Harnecker. Este aporte del Instituto de Ingenieros es uno de los más importantes, entre los muchos con que ha contribuido al desarrollo de Chile.

El crecimiento acelerado de las actividades de CORFO en distintas áreas de la economía, llevó a buscar soluciones administrativas que permitieran ejecutar en forma eficiente sus crecientes labores productivas. Así nacieron ENDESA como sociedad anónima en el sector eléctrico y CAP en el sector metalúrgico; ENAP, como empresa del Estado, para el petróleo y más tarde, ENTEL como sociedad anónima en telecomunicaciones.

El Presidente del Instituto, Sr. Álvaro Fischer, hace entrega de la Medalla al Sr. Carlos Croxatto. Ob-serva el Sr. Bruno Philippi, Premio "Al Ingeniero por Acciones Distinguidas Año 2000".

 

Ingresé en 1941 al Departamento de Energía de CORFO, que a corto plazo se transformó en ENDESA. Ahí fui Ingeniero Proyectista; Jefe de la División de Obras Civiles; Jefe de la Oficina de ENDESA en New York; Sub-Gerente de Ingeniería; Gerente de Obras y Gerente de Explotación, cargo que ejercía cuando me retiré de ENDESA en abril de 1971.

Conforme a lo que era el esquema de desarrollo de las grandes empresas del país en esos años, ENDESA creció como organización cerrada, en que su propio personal planificaba su futuro; proyectaba las centrales eléctricas y los sistemas de transmisión, construía prácticamente todas sus obras y realizaba las labores de explotación para entregar la corriente eléctrica a las distintas empresas distribuidoras a lo largo del país. Los ingenieros que allí trabajábamos teníamos la satisfacción de ver, paso a paso, cómo se concretaban los proyectos en que habíamos colaborado, y podíamos elegir variadas alternativas de desarrollo profesional. ENDESA era una empresa en la que se realizaba una ingeniería de alto estándar, donde los problemas se analizaban con mucha rigurosidad, con la total confianza en que las resoluciones que finalmente se tomaban no serían modificadas por influencias de organismos o personas ajenas a la institución. Recuerdo, con especial emoción, la mística que existía en el personal, que se traducía en una entrega total a las labores de ENDESA, en un ambiente altamente estimulante, de sana competitividad profesional, estrecha relación entre jefes y subalternos y cordial amistad entre compañeros de trabajo.

También es justificado destacar en la ENDESA en esos años, la importante colaboración que existía entre la empresa y las Facultades de Ciencias Físicas y Matemáticas. El cuerpo ejecutivo superior de ENDESA incentivaba y facilitaba la incorporación de su personal a las labores de docencia y, así, un grupo significativo de profesores de la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Chile eran ingenieros de la empresa.

Personalmente, entre 1948 y 1960, dicté clases de Hidráulica Teórica y Aplicada a los ingenieros electricistas y posteriormente de Centrales Eléctricas a los ingenieros civiles. Fueron casi 12 años de docencia en que disfruté plenamente del encuentro con las nuevas generaciones. Puedo decir, con mucha satisfacción, que varios de mis alumnos de esos años están hoy entre mis amigos más cercanos.

La ENDESA me brindó, además, un motivo de especial satisfacción. Mientras me desempeñaba como Gerente de Obras, entre 1964 y 1968, se proyectó y construyó la primera de sus grandes obras, la Central Hidroeléctrica Rapel, 25 años después de aquel anteproyecto en que participé, en la década del 30 y que sólo parecía un sueño algo afiebrado de un joven ingeniero.

Sin duda que en ese período de vida de ENDESA cometimos errores. Algunos proyectos pudieron haber sido mejores y algunas obras pudieron haber tenido un menor costo. Pero lo que sí puedo afirmar es que los ingenieros en esa época tuvimos la decidida voluntad de hacer bien las cosas y, que en muchos casos, fuimos exitosos en el desarrollo del sector eléctrico que ha sido y aún es, aporte valioso al bienestar de Chile.

Y el caso de ENDESA no fue el único. El personal de las otras grandes filiales de CORFO, - CAP, ENAP y ENTEL -, se desempeñaba en forma muy similar al de ENDESA. En todas reinó el mismo entusiasmo por cumplir cabalmente la difícil tarea que a cada una de ellas se le había asignado.

Personalmente pude aquilatar la forma en que CORFO desempeñaba el papel de organismo clave creado por el Estado para promover el desarrollo económico. En efecto, dentro del período en que permanecí en ENDESA, en dos oportunidades tuve la posibilidad de ejercer transitoriamente funciones ejecutivas en CORFO. La primera - entre 1960 y 1961- como Gerente de Operaciones, y la segunda - entre 1964 y 1967- como Gerente General. En ambos casos tuve el total apoyo y el privilegio de colaborar con los respectivos Vicepresidente Ejecutivos Sres. Pierre Lehman y Raúl Sáez, dos grandes ingenieros civiles y amigos, lamentablemente ya fallecidos.

El Estado le entregó a CORFO la responsabilidad de fomentar el desarrollo de todas las áreas de la economía chilena. A ella acudían los más diversos sectores productivos y de servicios en busca de soluciones para sus problemas de largo plazo y también para situaciones puntuales que, muchas veces, eran las más complejas y exigentes. CORFO, a diferencia de sus grandes filiales, tenía una dependencia muy directa del Estado, lo que la exponía a influencias externas y dificultades en el proceso de toma de decisiones. Pese a ello sin embargo, cumplió, a mi juicio, la enorme tarea de abrir las puertas a una dinámica expansión de la economía chilena y entregar planes de desarrollo que tuvieron una gran influencia en el crecimiento económico de nuestro país.

Dentro de mis labores en CORFO fueron especialmente atractivos diversos planes de desarrollo a largo plazo, entre los que destacaban el ganadero, el frutícola, el de la industria pesquera de la Zona Norte de Chile y el del sector forestal. En este último sector actué directamente en la creación de una nueva filial de CORFO, denominada Celulosa Arauco, cuya primera tarea sería la de formar un patrimonio de plantaciones de pino radiata e instalar una planta de celulosa blanca, de una capacidad relativamente pequeña, pero que se esperaba fuera la primera etapa de un futuro desarrollo de mayor importancia. No imaginaba entonces, la vinculación que más tarde tendría con aquella empresa que nacía tan modestamente.

Mis palabras se han referido a la labor de CORFO y sus filiales a mediados del siglo pasado y dentro del marco político-económico que existía en Chile y en el mundo durante esos años. No dudo, sin embargo, que una economía cerrada, con fuerte intervención del Estado en empresas productivas, se ha demostrado en Chile y en el mundo como más ineficiente que el sistema económico que se aplica hoy. El nuevo esquema, basado en una economía de mercado abierta al mundo y con el sector privado como motor del desarrollo, nos ha permitido tener altas tasas de crecimiento económico durante los últimos 15 años.

Pese a sus múltiples ventajas, la economía de mercado deberá sortear aún numerosos inconvenientes y desafíos. Hay aspectos en su funcionamiento, como es el de la natural tendencia a la globalización, para captar las ventajas comparativas y las economías de escala, que despiertan dudas y críticas no sólo en Chile sino en distintos países del mundo occidental. Creo, sin embargo, que para que podamos continuar por su senda de crecimiento, esas críticas deben ser constructivas y canalizarse en forma adecuada. Sólo así las innovaciones que se introduzcan permitirán mejorar el sistema, sin dañar los aspectos positivos que lo han hecho tan exitoso en materia de desarrollo económico.

Por otra parte pienso que el progreso científico y tecnológico, en todos los campos del quehacer humano, con sus grandes avances y también sus negativas y a veces aterradoras consecuencias, va a tener una influencia muy decisiva en la estructura de las sociedades del futuro y su economía.

Al respecto creo oportuno felicitar al Directorio del Instituto, y especialmente a su Presidente, por la iniciativa de llevar adelante un ciclo de charlas con pensadores y científicos de alto nivel que entreguen a nuestros ingenieros, y especialmente a los más jóvenes, una visión certera del mundo del futuro y de los problemas que se deberán enfrentar.

Ahora vuelvo a mi vida profesional.

Mi separación de ENDESA, aunque en cierta manera prevista, fue dolorosa. Tuve que alejarme de un grupo de grandes amigos, con los que compartí durante muchos años y de todos los cuales guardo los más gratos recuerdos. No se puede terminar el recuento de mis años de permanencia en ENDESA sin mencionar a dos notables seres humanos e ingenieros: don Reinaldo Harnecker y don Raúl Sáez. El ejemplo de ellos, sus enseñanzas y apoyo, fueron fundamentales en mi vida profesional.

Se iniciaba en esos años una época de turbulencia política y económica en Chile, que naturalmente repercutió en mi carrera, obligándome a sucesivos cambios de orientación en mi quehacer profesional. Afortunadamente, a partir de 1976, con la formación de la empresa consultora Sáez, Croxatto y Léniz, inicié un período relativamente largo de atractivos trabajos en distintos campos de nuestra profesión en especial en los análisis técnico-económico de empresas. La consultora era una sociedad pequeña, donde a la experiencia de sus tres socios se sumaba el talento y entusiasmo de los cuatro jóvenes ingenieros que con nosotros colaboraron durante la vida de la sociedad.

Uno de los últimos trabajos que realizamos - y por cuenta de los propios socios - fue el anteproyecto de un desarrollo forestal industrial en la X Región, que incluía una planta de celulosa ubicada en las cercanías de Valdivia. En este trabajo también participó la firma canadiense Simons que nos apoyó en aspectos técnicos del anteproyecto. Tal anteproyecto fue ofrecido a varios grupos empresariales y aunque mostraba rentabilidades ampliamente favorables, no hubo interesados en esa época, dados los difíciles problemas económicos que afectaban al país.

Cuando en 1985 decidimos poner término a las actividades de consultoría, pensé que había llegado al final de mi carrera profesional, pero el generoso apoyo de un amigo de muchos años, Anacleto Angelini, me abrió una nueva y fructífera etapa de vida profesional.

En efecto, al tomar el grupo Angelini el control de Copec, fui nombrado Director de esa empresa y también Director y asesor del Directorio de Celulosa Arauco y Constitución.

Es en esta última empresa en la que durante los últimos 15 años he concentrado mi actuación profesional, aportando la experiencia de un viejo ingeniero a los distintos planes de desarrollo, que la han convertido en la mayor empresa del sector forestal del país, llegando a ser considerada en los mercados internacionales como una de las principales y más confiables empresas del hemisferio sur proveedoras de celulosa, madera aserrada, madera manufacturada y paneles.

Para apreciar el crecimiento tan vigoroso de esta empresa, basta considerar que cuando ingresó a ella el grupo Angelini poseía 90.300 has. de plantaciones de pino y en la actualidad tiene 540.000 has. de pino radiata, 53.000 has. de eucaliptus y 80.000 has. de pino taeda en Argentina. En materia de producción de celulosa ha crecido desde 385.000 Tons/año a 1.500.000 Tons/año con tres plantas en Chile y una en Argentina. Tiene además en la actualidad 12 aserraderos, 4 plantas de remanufacturas y tres plantas de tableros de madera.

El notable y exitoso crecimiento de Celulosa Arauco sólo ha sido posible porque se ha conjugado la decisión de un empresario dispuesto a correr los riesgos inherentes a las grandes inversiones que era necesario realizar, con la capacidad profesional y dedicación al trabajo de un cuerpo ejecutivo y técnico verdaderamente excepcionales.

Durante mis años de permanencia como Director y Asesor de Celulosa Arauco he participado en prácticamente todas las iniciativas de desarrollo forestal e industrial de la empresa, he intervenido activamente en el diseño estratégico de su patrimonio forestal y he colaborado en la gestación y actualmente en la administración de la cuantiosa inversión que se hizo en la vecina República Argentina.

Con una motivación muy personal contribuí a las dos etapas de ampliación y remodelación de la línea 1 de la planta Arauco, la misma cuya instalación me tocó aprobar en los lejanos tiempos en que me desempeñaba como Gerente General de CORFO, así como la colaboración en todo el proceso de estudio y construcción de la línea 2 de la planta Arauco, que fue la primera gran obra llevada adelante por el grupo Angelini en esta empresa. También me cupo una participación muy directa en la creación de Bioforest, empresa de investigación, filial de Celulosa Arauco, que con modernas instalaciones y personal de alta calificación, entrega apoyo tecnológico en materia de mejoramiento genético, control de plagas, preparación de suelo y calidad de la madera.

Pero desde el punto de vista personal, lo más atractivo que me ha tocado últimamente, en mi papel de asesor, ha sido el análisis del estudio de factibilidad de la planta de celulosa de Valdivia, hecho por especialistas de Celulosa Arauco. De acuerdo con los resultados de ese estudio, es posible que ahora, 25 años después, sea realidad la vieja idea de la consultora Sáez, Croxatto, Léniz, aunque por cierto modificada, a fin de adaptarla a las condiciones actuales y a los progresos tecnológicos en la fabricación de celulosa.

Por último, no puedo dejar de mencionar mi activa participación en la Fundación Educacional Arauco, organismo creado y financiado por la empresa, destinado a desarrollar una labor de capacitación de profesores de educación básica de las escuelas rurales en comuna en que Arauco realiza sus faenas productivas. Esta hermosa labor social de la empresa ha permitido el perfeccionamiento de alrededor de 1000 maestros que educan a cerca de 25.000 niños en las comunas de Arauco, Cañete, Curanilahue, Tirúa y Lebu.

En mis labores de asesoría de Celulosa Arauco, he mantenido frecuente contacto con los ejecutivos de las empresas filiales, algunos de ellos muy jóvenes. A pesar de la enorme brecha generacional que nos separa, siento que he podido establecer un diálogo fácil y espero fructífero, lo que para mí ha resultado una experiencia realmente fascinante.

Toda esta última etapa de mi carrera de ingeniero, concentrada en la colaboración al grupo Angelini y la asesoría a Celulosa Arauco, ha sido para mí altamente estimulante desde el punto de vista profesional y además muy grato en lo personal. En realidad todo ello ha sido posible solamente por haber encontrado en los Directores y Ejecutivos del grupo, a personas de gran calidad humana, que en todo momento me han brindado comprensión y amistad, muy especialmente a Anacleto Angelini, Roberto Angelini, al Presidente de Celulosa Arauco José Tomás Guzmán y a su Gerente General Alejandro Pérez.

Al final de mi larga carrera de ingeniero deseo transmitirle a los jóvenes mi convencimiento que una vida profesional plena, sólo se consigue si somos capaces de poner todo nuestro potencial al servicio de los distintos equipos humanos con que nos toque trabajar en el curso de la vida, con un amplio respeto a las peculiaridades de las distintas personas y una generosa entrega a cada uno de los miembros del grupo.

Doy gracias a Dios y a todas las personas que me han dado la oportunidad de llegar a los muchos años que ya tengo, con la seguridad que mañana en la mañana tendré para su estudio, documentos, informes y consultas esperándome en el escritorio de mi oficina.

Por último quiero hacer llegar mis más profundos agradecimientos a mi familia, en especial a mi esposa Chepa, que me ha dado siempre el apoyo necesario para sobreponerme en los momentos difíciles de mi vida y que junto a mis dos hijas, y ahora siete nietos, me han rodeado de amor y cariño.

(Aplausos)

 

Srs. Álvaro Fischer, Víctor Pérez, Carlos Croxatto, Bruno Philippi y Fernando García.