PREMIO
"RAÚL DEVÉS JULLIAN"
Al Ingeniero Víctor L. Pérez Vera
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Srs. Víctor L. Pérez Vera, Decano de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile y "Premio Raúl Devés Jullian - Año 2001", Rodrigo Flores, "Premio Raúl Devés Jullian - Año 1997" y Álvaro Fischer, Presidente del Instituto de Ingenieros de Chile. |
Con fecha 14 de noviembre se efectuó en el Instituto de Ingenieros de Chile la ceremonia de entrega del Premio "Raúl Devés Jullian - Año 2001", al distinguido Ingeniero don Víctor L. Pérez Vera.
Don Álvaro Fischer, Presidente del Instituto, inició este solemne acto con una significativa alocución refiriéndose al especial merecimiento del galardonado este año. A continuación, de acuerdo con lo que es tradicional, la presentación del premiado estuvo a cargo de don Rodrigo Flores, quien obtuvo el Premio Raúl Devés Jullian el año 1997.
El Ingeniero Flores:
- Considero un honor y un privilegio presentar a ustedes a Don Víctor Pérez Vera, Decano de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, que recibe hoy el Premio "Raúl Devés".
Víctor Pérez es Ingeniero Civil Industrial de la Universidad de Chile, Master of Science en Ingeniería Industrial de la Universidad de Michigan, EE.UU. Profesor investigador en Sistemas Administrativos en el Departamento de Ingeniería Industrial de la Facultad. Autor de varios libros y trabajos en el área de Sistemas de Información Administrativa, Profesor visitante y expositor invitado en numerosas universidades nacionales y en varios países latinoamericanos. Y hay mucho más..., tanto más, que amerita comenzar desde el principio.
Nació Víctor en San Fernando, de familia de Rancagua, hijo, nieto y sobrino de profesores primarios, su padre fue Director de la Escuela "Granja de Doñihue" (cerca de Rancagua). El campo y la enseñanza primaria rondan por su infancia y el concepto de surgir a través de la educación lo marcan con fuerza en el respeto, la tolerancia de la diversidad, la austeridad y la humildad. Estudió en el liceo Manuel Barros Borgoño (ubicado en San Diego) – y, según sus propias palabras, expresa que de "la Universidad del Matadero" ha pasado a "la República de Beauchef, sentenciando "quien lo hereda no lo roba". Casado y con tres hijos, Carolina, Rodrigo y Marisol; su esposa la Sra. Carmen Stephens, no ha escapado tampoco al embrujo de la enseñanza, ella es educadora de párvulos.
Repasando su extenso currículum debo mencionar su significativa participación en el Instituto Politécnico de Santiago, institución de enseñanza técnica para trabajadores, fundada y a cargo de alumnos y egresados de la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Chile. Funcionaba en forma vespertina en el subterráneo de la Escuela de Ingeniería y Ciencias y en dos recintos externos. Siendo profesor de matemáticas, Víctor Pérez fue elegido director del Instituto entre los años 1967 y 1969. En ese tiempo impartían enseñanza unos 100 profesores a unos 1.000 alumnos, respectivamente, en carreras de Mecánica de Autos y Construcción (para egresados de sexta preparatoria), en Dibujo técnico (para egresados de cuarto año de humanidades) y en Topografía (para egresados de sexto año de humanidades). En la década del 70 el Instituto cambió de ámbito y fue una de las instituciones que posteriormente constituyó lo que es hoy una Universidad Tecnológica en la Región Metropolitana.
Según las palabras de Víctor, "Fue una experiencia humana inolvidable para quienes trabajamos ahí, aprendí a hacer clases teniendo como alumnos a personas que durante el día eran mecánicos de autos, albañiles o maestros de la construcción".
No sé si existe en la actualidad algo parecido a lo que fue el Instituto Politécnico de Santiago que funcionó y se organizó exitosamente impulsado gracias al idealismo de un grupo de jóvenes profesionales. En esa etapa ya Víctor demostró sus cualidades como líder y organizador.
Profundamente comprometido con la enseñanza, sabe reconocerla cuando es meritoria; y confidencia: si me preguntan "nómbrame un profesor que se te venga a la cabeza así, de inmediato, de los que te impactaron, es probable que muchos de mi generación diríamos: don Enrique Silva: y agrega - fue mi profesor del curso de industrias, en sexto año de ingeniería industrial en 1968.
Y relata: "Visitábamos las empresas en la Región Metropolitana; se hacían giras hacia el Norte hasta las salitreras y el cobre y hacia el Sur, hasta Concepción y Arauco. Se conocían los procesos productivos y se convivía en un ambiente donde don Enrique lograba aunar voluntades y se convivía en amistad, respeto y tolerancia hacia las personas. Fue un curso que marcó a los que lo seguíamos".
Este recuerdo de Enrique Silva a mí también me toca: el fue mi amigo y compañero de curso cuando estudiábamos en la Escuela, y es ciertamente muy importante que los profesores de Ingeniería hagan esfuerzos para dar a conocer a sus alumnos, mientras estudian, la realidad laboral en que les tocará actuar.
En 1993 y durante dos años Víctor Pérez es designado Prorrector de la Universidad de Chile, siendo Rector don Jaime Lavados. Me imagino que habrá sido emocionante para Víctor ser el segundo hombre de la Universidad de Chile, entidad a la que ha entregado toda su devoción. En una entrevista que se le hace en la década del 90 simulando que el tema de la educación superior se llevara a un tablero de ajedrez, no duda que la Universidad de Chile es la Dama. A la cuestión obvia de quién sería entonces el Rey, responde:
Es que somos una República, aquí no hay Rey, en éste, como en todos los tableros, el Rey debiera ser el País, que en definitiva es lo que simboliza la figura del Rey.
En su calidad de Prorrector, Víctor gestionó y tuvo a su cargo el proyecto que permitió a la Universidad de Chile ser la primera institución iberoamericana en instalar una red de comunicaciones de banda ancha ATM para la transmisión de datos, voz e imagen, conectando simultáneamente los cinco campus de la Universidad.
En 1994 Víctor es designado Decano de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas para el período 1994-1998 y luego es reelegido para los años 1998-2002.
Cuando asume como Decano la primera vez, el ánimo en la Facultad no era de los mejores. Poco se había avanzado físicamente, por razones de financiamiento, en el proyecto elaborado en el período anterior bajo la dirección del Decano Mauricio Sarrazín, de reconstruir y remodelar en gran escala la Escuela de Ingeniería, seriamente dañada por el terremoto de 1985. Víctor sintió que un elemento importante del cambio en la actitud de los académicos consistía en solucionar los problemas de infraestructura, particularmente el edificio Escuela. Lo tomó como un desafío y en pocos años lo hizo realidad. Algo similar ocurrió con la casa de República muy vinculada con el Departamento de Industria.
En paralelo con este mejoramiento material, Víctor impulsó un conjunto de cambios de gran importancia en los ámbitos: docente, organizacional y económico, que entre otros logros significó incorporar gente joven y producir renovación en el cuerpo académico.
Transformar una Facultad muy tradicional, no ha sido tarea fácil para Víctor; pero lo ha logrado actuando con gran claridad, además de prudencia y buen criterio: buscando consensos para realizar los cambios y apoyándose en los denominados "hombres sabios" que constituyen el Consejo de la Facultad.
Con estas dos acciones tan significativas: el mejoramiento de la infraestructura de la Escuela y la renovación en el cuerpo académico, metafóricamente le ha cambiado el cuerpo y el alma a la Facultad.
Esta tarea es muy destacable ya que generó un estímulo a las actividades de investigación de excelencia en la Facultad. Hoy en particular, tanto profesores como alumnos se sienten más orgullosos de pertenecer a la Facultad. En la actualidad hay 30 académicos jóvenes, estudiando doctorados en el exterior; han sido los mejores egresados y serán con el tiempo profesores de nuestra Facultad lo que asegura un futuro promisorio de las actividades académicas.
¡Y cómo ha cambiado la Facultad!. ¡Y no sólo en el aspecto físico de la Escuela de Ingeniería y Ciencias!. En lo académico como botón de muestra menciono: Hoy la Facultad está integrada por 15 Departamentos que imparten la docencia de pregrado y postgrado. Además de docencia, la Facultad realiza investigación en los diversos departamentos y en los centros especializados: Centro de Estudios Avanzados, Centro de Transferencia Tecnológica, Iniciativas Multidisciplinarias. Y para cumplir estas tareas existen más de 60 laboratorios…. Y se podría agregar mucho más.
Otra iniciativa de gran trascendencia que está en pleno desarrollo, consiste en la implementación de Laboratorios Experimentales y actividad teórica en las áreas de Fluidos, Sólidos y Electrotecnologías. En la actualidad, para este efecto, se están construyendo 3 Laboratorios, producto de los Concursos MECESUP que la Facultad se adjudicó. La finalidad que se persigue es de crear modernos focos tecnológicos que permitan impulsar, a través de la experimentación, un cambio en los métodos de enseñanza para la formación de ingenieros, geólogos y geofísicos que junto con adquirir una sólida formación en ciencias básicas, tengan la capacidad y habilidad para desarrollar, evaluar y gestionar la aplicación de nuevas tecnologías. Se trata sin duda de una iniciativa acorde con las necesidades de nuestros tiempos y de muy alto significado que nos pondrá a la par con lo que se hace en las universidades importantes de los países desarrollados.
Y, finalmente, tal vez, uno de los méritos más relevantes de la gestión de Víctor es haber abierto el debate sobre el futuro de la Facultad a mediano plazo, y con la velocidad con que evolucionan hoy las cosas, yo diría, a corto plazo. Con mucha perspicacia, el Decano ha entendido que las opciones futuras para la Institución son esencialmente dos: centrarse en el pregrado en competencia con todas las nuevas Universidades surgidas en los últimos veinte años, o darle prioridad al post-grado y convertir a la Facultad en el gran Centro Científico Tecnológico que el país necesita, lo que significa tener un pregrado de elite con menos alumnos y de la mejor calidad.
Esta discusión, hoy ineludible, la ha planteado Víctor con vehemencia, la incentiva y la defiende, y los resultados que ella genere marcarán en gran medida, el futuro de la ingeniería y la ciencia chilena. Haber impuesto esta temática hará que Víctor ocupe un lugar clave en la historia de nuestra Facultad, con consecuencias decisivas para los tiempos que vienen.
Y en términos más generales, como muchos otros, soy un convencido que la actividad más importante para hacer crecer un país, consiste en impulsar la educación en todos los niveles.
Víctor Pérez está recorriendo el camino, ha dedicado su vida a la enseñanza, y no sólo en beneficio de los que hoy estudian en Beauchef; lo ha hecho también haciendo clases y enseñando a trabajadores manuales en el Politécnico de Santiago; no dudo que el futuro le demandará grandes desafíos en el campo de la educación.
(Aplausos)
A continuación el Ingeniero Víctor Pérez recibió de manos del Presidente del Instituto, Sr. Álvaro Fischer, la Medalla y el Diploma de Honor. En seguida, agradeció la distinción recibida, en los siguientes términos.
Sr. Víctor Pérez:
- Difícil es encontrar un tema más importante para el Instituto de Ingenieros de Chile que su preocupación por el desarrollo de una buena docencia universitaria en ingeniería. Y qué mejor manera para manifestarlo que instituir un premio cuyo objetivo sea la enseñanza en ingeniería, honrando el nombre de alguien para quien este tema fue su pasión de vida, el ingeniero civil y ex decano de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Católica de Chile, don Raúl Devés Jullian.
Este tema no me es ajeno. Durante los últimos treinta años he sido académico, director de departamento, vicedecano y decano de una Facultad que forma ingenieros. Y he sido testigo privilegiado, unas veces, y participante activo, en otras, de las muchas iniciativas que durante este tiempo se han realizado en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile para mejorar la docencia y la actividad académica en ingeniería. Ha sido un proceso continuo, permanente en el tiempo y en que se ha ido construyendo sobre lo que habían construido otros de manera previa. Proceso que ha tenido la virtud de llevar a la Facultad al sitial de prestigio que hoy tiene en el medio nacional.
Entendiendo el objetivo de este premio, mis palabras serán una reflexión acerca de mi experiencia en este proceso, a lo que creo ha sido su hilo conductor, y a las ideas y acciones que en mi opinión han hecho posible alcanzar los logros que hoy se observan.
A menudo se cree que los hilos conductores de la vida universitaria son los que aparecen en los documentos que describen la respectiva misión institucional. Sin embargo, los que efectivamente guían a la institución universitaria son aquellos que han sido asumidos como propios por la comunidad académica, los que se van construyendo a partir de la interacción de sus miembros, los que emergen de los modelos de vida y actitudes frente a la vida universitaria que ofrecen los maestros de universidad. Nuestra experiencia indica que a lo largo del tiempo terminan siendo, fundamentalmente, las ideas y el ejemplo de esos maestros de universidad lo que va definiendo, construyendo y manteniendo, de manera casi imperceptible, el hilo conductor que importa. Nuestra Facultad en esto ha sido afortunada ya que los ha tenido, y muchos, en un Igor Saavedra, un Enrique d’Etigny, un Moisés Mellado, un Enrique Silva, un José Tohá, un Claudio Anguita, un Arturo Arias, un Rodrigo Flores y en muchos más.
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Don Víctor Pérez se apresta a recibir de manos del Presidente Fischer la Medalla correspondiente al premio. Aplauden, en la testera, los Srs. Bruno Philippi y Rodrigo Flores. |
A partir del conocimiento que tenemos del ejemplo de estos maestros, dos son los aspectos que conformarían, en mi opinión, el hilo conductor que ha guiado el largo y continuo proceso de mejorar nuestra docencia y la actividad académica en ingeniería.
El primero de ellos tiene contenido valórico e ideológico, producto de la perspectiva particular que significa mirar el país desde la mayor universidad del Estado. Desde su origen, la Facultad ha sido entendida como una institución universitaria estatal, autónoma del Estado y con misión nacional, y que asume con responsabilidad lo público en sus áreas de competencia. Y eso significa contribuir, mediante la creación y difusión del conocimiento y la formación de profesionales, al desarrollo de un pensamiento libre en el país, de modo de preservar nuestra independencia intelectual como nación. Y en este contexto, su norte es educar para la libertad, haciendo del conocimiento un aliado.
Asumir el rol de lo público significa ser capaz de fijar los estándares en nuestras disciplinas y actividades, de ser y tener a los mejores, dando más nivel a este país, creando oportunidades, anticiparse y crear conocimiento en áreas que a lo mejor hoy no valora adecuadamente el mercado porque las estamos mirando con distintos horizontes de tiempo.
Para que este rol público sea asumido con propiedad, el segundo aspecto del hilo conductor requiere que la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile aporte a la formación de la elite dirigente de este país, con su sello de calidad y diversidad. Y eso significa ser un lugar de oportunidades extraordinarias, constituirse en un ambiente que valore el oficio y el trabajo bien hecho, ser un foco de atracción para los académicos y alumnos más talentosos, y a quienes desafíe con altos estándares de desempeño y les permita trabajar en las mejores condiciones para obtener de ellos lo mejor de sí mismos.
Y si de desafíos y autoexigencia se trata, el 4 de noviembre de 1999, aquí y en una ceremonia similar a ésta, el profesor Arturo Arias manifestaba: "Faltan iniciativas imaginativas a mayor escala que las emprendidas hasta ahora. La clave de nuestro problema y de muchos otros problemas parece estar ahí: estamos habituados como país, como sociedad, a fijarnos metas de corto alcance, a pensar en chico. Mientras así sea no lograremos ni siquiera las metas cortas".
Estos dos aspectos del hilo conductor son vinculantes, y hacen coherente la forma de pensar la academia con el hacer de la academia. El primero, un imperativo fundacional, tiene que ver con los objetivos, señala nuestro norte. El segundo, un imperativo de ética pública, tiene que ver con los medios, señala nuestra única alternativa para alcanzarlo. El primero sin el segundo es un discurso vacío. El segundo sin el primero es un esfuerzo sin alma. Y el desafío de hoy es seguir guiando nuestra actividad universitaria según ambos aspectos, en un medio en que la idea misma de la Universidad de Chile no le interesa a muchos, y en que pareciera existir miedo al pensamiento autónomo, al ponerse metas exigentes.
Nuestra experiencia indica que la existencia de un hilo conductor es necesaria pero no suficiente para avanzar en esa dirección. Y es que las cosas suceden cuando vienen de ideas, acciones, y mucho trabajo duro, coherente, generoso y persistente de mucha gente. Las cosas no suceden espontáneamente, menos en la universidad, en que la autonomía académica está en el centro del quehacer y del modo de hacer del académico.
Como director de departamento y como decano he comprobado que el éxito en el mejoramiento de la actividad docente y académica en la institución universitaria no pasa por el directivo, sino en que éste ayude a construir, a fijar una línea, en que sea capaz de destilar lo central en lo que interesa a la comunidad académica y responda a ello de manera consistente. Estos elementos resultan ser esenciales para convocar a los académicos a trabajar en torno a proyectos institucionales de Facultad, al sentir que se va construyendo en conjunto desde la base académica, a partir de las ideas que de ellos nacen. También resulta esencial que estén los incentivos académicos correctos y que existan formas reales de apoyar las buenas iniciativas y a la gente que tenga inquietudes, y que sientan que su entorno está lleno de oportunidades, de cambio, que trabajan en un ambiente en que florecen ideas. En este sentido es efectivo que hay un problema de recursos para atraer buenos académicos, pero ello no ha sido un obstáculo para tener buenos académicos. Sí lo es no tener un ambiente estimulante, o tener que hacer el trabajo de quienes no cumplen, o trabajar en condiciones deplorables.
En las instituciones universitarias el capital social radica en su cuerpo académico, de ahí que las cosas pasan cuando el directivo se sintoniza con la convicción del grupo, sin renunciar al deber de conducir y sin ser instrumento de nadie, sólo mostrando elementos y en un modo ajeno a imponer, generando dinámicas, siendo coautor, trabajando con transparencia y de cara a la gente.
Así, gradualmente, la comunidad académica empieza a entender y aceptar que existe coherencia entre el decir y el hacer; también, que cambiar lo existente significa tomar opciones, tener que decidir y actuar. Ella empieza a asumir como una práctica normal, el que si existe una idea, si existe una fuerte sintonía como Facultad y un sensibilizarse con un bien común, se actúa con determinación, y aquello que haya sido acordado, ocurre! Y también empieza a comprender que proyectar el desarrollo académico en un marco de opciones limitadas hace que en ocasiones se tenga que tomar decisiones que no son fáciles, y también que haya momentos ingratos, como cuando uno como autoridad tiene que asumir su propio discurso.
Hemos terminado comprobando, también, que los problemas universitarios no son, en última instancia, problemas económicos, o administrativos o políticos, son siempre problemas académicos.
De aquí lo importante que resulta ser para el futuro de la Universidad de Chile y de nuestra Facultad, el que asumamos el desafío intelectual que significa hacer de ellas lugares que generen, en cada uno de los miembros de la comunidad universitaria, un sentido de identidad y de pertenencia por voluntad hacia su institución. Ello resulta ser gravitante para comprometer voluntades y para generar ambientes que estimulen y faciliten el desarrollo de los proyectos académicos individuales y también aquellos de interés institucional.
En este sentido, y sólo para enfatizar este punto, no es raro que en los patios de la Facultad se hable a veces de la República de Beauchef. Ello, estando lejos de constituirse en un afán independentista, tampoco debe leerse como soberbia o prepotencia. La lectura intelectual que hay que hacer de eso tiene que ver con la identidad de un grupo que se siente sólido, que ha asumido su rol público y que se siente responsable de la confianza pública que en él se ha depositado, y que por eso se hace las preguntas, se genera los espacios, y se insta a avanzar.
Y esto, en mi opinión, es fundamental. Después de treinta años como académico, pienso que mi sentido de identidad, pertenencia y orgullo respecto a la Facultad y la Universidad explican, en gran medida, mi personal compromiso, como opción de vida, para contribuir en la dirección de los dos aspectos que conforman su hilo conductor. Y al observar, durante todo este tiempo, el cariño y rigor con que se dedican a su trabajo los académicos y funcionarios de la Facultad, pienso que en ellos también existen estos mismos sentimientos hacia su institución. Y allí está, a mi juicio, la base para seguir mejorando aquello que le importa tanto a este Instituto, la docencia universitaria en ingeniería.
Quisiera decir, finalmente, que siento que este premio y esta ceremonia me unen definitivamente al Instituto de Ingenieros de Chile, institución más que centenaria, y orgullo de la ingeniería nacional. También, a la persona y obra de don Raúl Devés Jullian, a su espíritu generoso y emprendedor, y con su sabiduría de hombre de bien. Asimismo, une mi nombre al de las personas que lo recibieron anteriormente, los profesores Rodrigo Flores y Arturo Arias, maestros de la ingeniería nacional y de nuestra Facultad.
Este premio me reúne a las instituciones que me han dado la oportunidad, los ambientes, la libertad y el privilegio de dar curso a mis sueños: la Universidad de Chile, su Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, ese lugar de Beauchef en que ingeniería se escribe con "j", y su Departamento de Ingeniería Industrial. Y como estos sueños los he compartido con muchos amigos académicos, este premio también es de ellos.
A lo anterior se unen los recuerdos que hoy se agolpan en mi mente y que tienen que ver con el cariño y el apoyo que siempre he recibido de mi familia, de los que están aquí conmigo y de los que ahora ya sólo están en mi corazón.
Agradezco al Instituto de Ingenieros de Chile, a su Presidente y a su directorio por este premio. Don Rodrigo, agradezco mucho sus afectuosas palabras, ha sido un privilegio inolvidable el haber sido presentado por usted hoy día. También agradezco a todos quienes me han acompañado en esta ceremonia.
Sólo me resta decir que he sido muy afortunado al tener el privilegio de ser parte de una construcción humana fascinante, en que desde la Universidad de Chile, desde Ingeniería de la Chile y con los ojos de siempre, estamos mirando al Siglo XXI.
Muchas gracias.
(Aplausos).
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Srs. Roberto Fuenzalida, Igor Saavedra, Álvaro Fischer, Víctor Pérez y Fernando García. |