A continuación un relato de la expedición escrito por Christian
Seebach: Dia 1, 16 de enero de 1997"Después de hacer tiempo durante un día en El Chaltén empacamos nuestras mochilas y nos fuimos en el Vitara de Tobi hasta el Río Eléctrico, ubicado a unos 15 km de El Chaltén. Desde hay caminamos durante unas dos horas hasta un Camping llamado Piedra del Fraile. Yo me quedé en el Camping armando las carpas mientras los otros hacían un porteo de casi 3 horas hasta el final del Lago Eléctrico. Una vez en el final del lago, mi padre estaba tan cansado que decidió bivaquear ahí, y esperar a que llegáramos nosotros al día siguiente. Los cuatro que se devolvieron llegaron bastante tarde, es decir, tipo diez de la noche. Dia 2, 17 de eneroA la mañana siguiente partimos temprano en dirección
al Paso Marconi, llegando al bivac de mi padre tipo diez. En el lugar redistribuimos
las mochilas y seguimos camino. Nos montamos sobre el glaciar y lo cruzamos
para bordearlo después por el lado norte. Más tarde nos volvimos
a montar al hielo para no abandonarlo más. Fue la base del paso el
lugar escogido por nosotros, para pasar la noche. Al momento de acostarnos
el clima no prometía demasiado. Era sábado y para
suerte nuestra las nubes sólo cubrían el cielo, no precipitaba. Día 3, 18 de eneroAlgunos partieron desde el campamento con los esquíes puestos, no así yo que me los puse en la mitad de la subida. Después de aproximadamente dos horas de subida el terreno comenzó a aplanarse y por fin pudimos cargar los trineos. Éstos eran tirados de a dos, trabajo que yo y mi padre casi nunca realizamos. Con el pasar de los minutos el terreno se tornaba cada vez más plano, y nuestros ojos comenzaban a deleitar la inmensidad de los hielos. Más tarde descubrimos que en la parte más alta del paso habíamos reingresado a Chile. El primer campamento sobre el hielo como tal, lo armamos al borde de éste en un lugar protegido, con vista y agua. Aunque esto último suene a poco importante, ya que se podría haber derretido nieve, si lo era ya que el día anterior habíamos perdido una de las 4 botellas de dos litros de bencina que llevábamos, lo que obviamente nos obligaba a ser ahorrativos con este vital elemento. Ya al atardecer, mi padre se encontraba paseando entre las rocas del lugar, cuando de pronto descubrió comida abandonada, probablemente hacía un par de días, por alguna expedición más que satisfecha. El banquete consistía en miel, queso, ambos de procedencia europea, y mate, argentino por supuesto. Día 4, 19 de eneroA la mañana siguiente -parece irónico decir mañana, pues nos levantamos como a las 12 por razones de mal tiempo- Michael, Tobi y mi hermano decidieron tratar de subir el Gorra Blanca de 2860 m de altitud. Durante la ascensión realizábamos un contacto radial a cada hora redonda. Fue a las cinco de la tarde, cuando Claudio me dijo que estaban a 15 minutos de poder decir que habían logrado ascender una cumbre patagónica. Casi tres horas después se encontraban nuevamente con nosotros. Nosotros, en cambio, habíamos permanecido en el Campamento durante todo el día, asoleándonos, mientras mi padre aprovechaba los instantes despejados de los cerros circundantes para tomar algunas fotografías. Además debíamos cumplir la difícil misión de recibir a los turistas; como a las tres de la tarde un grupo de 9 italianos pasó junto a nosotros. Después de intercambiar algunas palabras, siguieron camino. Dia 5 al 8, 20 al 23 de eneroAl día siguiente nos levantamos tarde, como siempre, y decidimos seguir hacia el sur. Caminamos unas 4 horas en las cuales recorrimos casi 12 km. El nuevo campamento también lo instalamos al borde del hielo, pero esta vez con la gracia de caminar 100 m y - si es que estaba despejado - tener la espectacular vista hacia el Circo de los Altares, el cual incluye: el Cerro Torre (3128 m), a su lado la Torre Egger; más al sur el Cerro Adela, con sus espectaculares callampones de hielo, y obviamente, aunque en segundo plano, el Fitz Roy de 3441 m de altitud, entre tantos otros hermosos cerros. Fueron los instantes despejados los que más disfrutamos; habíamos logrado nuestro objetivo: ver y fotografiar el Fitz Roy, hito limítrofe, desde el lado chileno. Estuvimos en el campamento dos noches y cuando disponíamos a irnos se levantó un viento blanco que nos obligó a permanecer ahí otras dos noches. Durante la estadía en el lugar divisamos las siluetas de cuatro individuos, que pasaron a unos 1000 m de nosotros. Más tarde nos enteramos de que eran integrantes del Ejército Argentino. Día 9El día 24 de enero abandonamos el idílico campamento con destino al Paso del Viento. Después de unas tres horas de caminata comenzó a quebrarse el terreno, era el inicio del glaciar Viedma y una media hora más tarde mi padre, Sebastián y yo, decidimos seguir con los esquíes en la espalda. Unos 20 minutos más tarde se sumaron Tobi, Michael y Claudio, esto significó desarmar ambos trineos y cargar todo el peso en la espalda. Una hora más tarde armamos las carpas en la morrena.
Día 10, 25 de eneroEn la mañana nos separamos: mi hermano y mi padre decidieron quedarse una noche más en el lugar y aprovechar el día para volver a internarse al hielo, y tratar de sacar algunas fotografías más del Circo de los Altares, ahora con un poco mejor tiempo. Más tarde supimos que las condiciones no fueron las óptimas, ya que cuando se despejó comenzó a soplar un fuertísimo viento blanco, el mismo viento que, aunque no blanco, nos tocó al resto, al subir al Paso. En reiteradas ocasiones, el viento, utilizando los esquíes como vela, nos hizo caer al suelo o, al menos, perder el equilibrio. Cuando llegamos a la cima del paso, mi cansancio era tal que fue la primera vez que me sentí feliz de ver una bandera argentina, justamente aquella que flameaba en éste. Desde ahí sólo nos quedaba caminar de bajada. En un principio el sendero estaba bastante marcado sin embargo en una parte nos perdimos y tuvimos que caminar alrededor de una hora hacia atrás. Retomamos la huella, aunque con cierta incertidumbre, ya que nos hacía bajar por un peligroso acarreo que nos conducía al borde del glaciar que luego forma el Lago Toro. Llegamos al Lago Toro y decidimos bordearlo por la ribera sur, alcanzando la desembocadura una hora después. Cruzamos el río por una cuerda que había sido tensada por sobre éste. La noche siguiente la pasamos en un refugio ubicado en el primer bosque que veíamos en días, a unos 5 minutos del río. Junto a nosotros había una pareja de australianos que al día siguiente subió al Paso de lo Vientos. Una semana más tarde nos encontramos con ellos en un restaurant en Puerto Natales. Fueron ellos quienes les indicaron al día siguiente a mi hermano y a mi padre que debían bordear el lago por el lado norte, para evitar el cruce del río por la cuerda. Día 11, 26 de eneroEl último día de caminata, para nosotros cuatro al menos, fue el primer día realmente despejado. Al cruzar el cordón que nos permitía ir de vuelta a El Chaltén, los cerros comenzaron a reaparecer. Fueron el Fitz Roy y la Aguja Poincenot, ahora nuevamente desde Argentina, y más tarde, casi al llegar a nuestro destino, el Torre y los otros cerros del cordón. Llegué al auto casi una hora después que Michael, Sebastián y Tobi, que me esperaban ansiosos, ya que yo poseía las llaves del Land-Rover. Día 12, 27 de eneroEl día siguiente fue de mero descanso para nosotros, no así
para los otros dos, que tuvieron que caminar lo hecho por nosotros el día
anterior. Nosotros aprovechamos el soleado día para ir a conocer
la famosa Laguna del Desierto -o Lago del Desierto para los argentinos-
que se encontraba a unos 30 km al norte de El Chaltén. En el camino
tuvimos la suerte de conocer a un grupo de argentinas que caminaban a la
laguna. Éstas nos acompañaron hasta cuando volvimos al pueblo,
donde nos esperaban Claudio y mi padre que habían llegado hace unas
dos horas. El la noche comimos asado de cordero y más tarde fuimos
a celebrar, con las 5 argentinas, al Pub del pueblo.
Last update 25/11/98 |